Viaje a Estocolmo
Como decíamos ayer…
…más que ayer, el 9 de Octubre, pues esta fue la fecha en la que partimos hacia tierras vikingas.
Este fué el primer de esos “To-do trips” que todo erasmus en Finlandia debe hacer, y con razón.
El viaje fueron 3 días de intensa locura, mala comida y abundante bebida.
Zarpamos de Helsinki a las 17:30 del viernes 9 (creo recordar) y llegamos a Estocolmo a las 11:00 de la mañana del sábado siguiente. Unas 18 horas de viaje que, en un barco así, no importan demasiado (hasta diría que se hacen cortas). Durante la tarde d
el viernes nos dedicamos a recorrer el barco, hacernos fotillos y tomar posiciones para la noche que se avecinaba. El barco de Viking Line (y en general el de todas las compañías) es algo así como una ciudad flotante. Cuenta con casino, supermercado, dos discotecas y multitud de bares y cafeterías; siete cubiertas en total en las que podías perderte a la primera de cambio y que dieron cobijo a más de un centenar de estudiantes completamente desinhibidos.
Esa noche no dormimos mucho, unas 3 horas en total, y más de uno no durmió sol
o.
En Estocolmo la cosa fue distinta. Tras una mañana de descanso (que fueron otras 3 horas, no vayais a creer) fuimos a recorrer la ciudad para tener alguna foto que poder enseñar a la gente. Estocolmo es infinitamente más bonito que Helsinki. Se notan los años de la ciudad y la historia que eso conlleva.
Por supuesto esa noche intentamos salir por la ciudad. Fue un desastre. Tratamos de entrar al que posiblemente es el equivalente al “Pachá” de Estocolmo, eso quiere decir que en la puerta podías contemplar un par de limusinas Bentley, algún Porsche aparcado y gente que parecía de todo menos pobre. Gente como nosotros “no estaba en la lista”. El problema fue cuando tampoco “estábamos en la lista” de ningún otro sitio, y ciertamente había sitios bastante tristes como para tener “lista”. Conseguimos entrar en la última media hora de un bar enano y con música deplorable en el que al menos pudimos saciar nuestra sed.
Finalmente, y tras seguir intentándolo en otro par de sitios, decidimos volver al hotel. No fue una buena noche.
El viaje de vuelta fue una superación del primero. Un poco más de fiesta, un poco más de alcohol y un poco menos de dormir. Grande.
La llegada a Helsinki fue una procesión de espíritus vagando que cargaban con sus maletas (o las maletas les cargaban a ellos).
Quedan cosas por contar, pero todo a su tiempo.
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