Para no perder las costumbres, hoy toca nuevo post. Mientras saco tiempo para escribir una entrada larga contando mis dos visitas (mi hermana e Hita y, por supuesto, Sara) voy a ir contando como esta siendo mi vida aquí.
Una vez pasado el trauma y la depresión de los primeros días, lo cual creo que quedó bastante bien documentado, la vida aquí no es tan mala. Muy diferente, pero no mala en realidad. El idioma, gran obstáculo al principio, ha dejado de importarme demasiado, incluso podría decir que no se me da mal charlar en inglés.
Confieso que no he perdido las sanas costumbres españolas. Me refiero a los horarios sobre todo. Tengo la suerte ( o la desgracia) de no tener clase hasta Enero, esto se debe a una suerte de coincidencias que han hecho que cambie mis asignaturas, quedándome solo una clase a la semana, pero como se imparte en finés no es necesario que asista. Bueno, a lo que ibamos. Mi día empieza a las once de la mañana, más o menos. No tenemos microondas, así que me tiro mis buenos diez minutos calentando la leche en un cazo.
Después del pertinente café y de haber echado un ojo al correo y demás (lo cual puede durar entre treinta minutos y una hora y media
) cojo el autobús para ir a la universidad.Vivimos en lo que hemos venido a llamar “el fuckin’ forest”, osea “el puto bosque”, esto implica que el autobús es como nuestra segunda casa y dependo de él para cualquier cosa (diría que “cojo el autobús hasta para comprar el pan”, pero aquí no hay pan que comprar). Y preguntaréis: ¿para que va a la universidad si no tiene clases?, pues porque alguna actividad hay que buscarse para salir de casa y la mía es escalar. La universidad aquí no tiene nada que ver con la de España, al menos no con la Charlie. Aquí existen club estudiantiles para casi todo: Club de Música, Club de Juegos de Mesa y Rol, Club de Buceo, Club de Aeronáutica, Club de la Cerveza (este es bueno!) y el mío, Club de Escalada. Tenemos un pequeño rocódromo donde paso todo el tiempo que mis doloridas manos y brazos me permiten, generalmente antes de comer.
Después de hacer un poco “el spiderman” en el club toca comer. En cada facultad hay un comedor, ojo que digo “comedor” no “cafetería”, como sería en España, ya que aquí el comedor es para comer y punto, la gente no pasa tiempo charlando entorno a la mesa y puedes ver a muchos comiendo solos (a mí mismo me ha tocado alguna vez). Finlandia es el pais de los descuentos estudiantiles, comer nos cuesta 2,60 €. Normalmente todo es más caro, pero si eres estudiante lo tienes muy bien, ¡y si eres finés todavía más! ¡A los fineses les pagan por estudiar!. No es broma. La universidad no solo es gratuita sino que un estudiante recibe entorno a 400 € mensuales del estado además de tener descuentos en alojamiento (ellos suelen pagar 200 € por una habitación como la mía), la tarjeta de transportes (les cuesta la mitad) y en todo tipo de actividades culturales y viajes. Vamos, que es un chollo.
En fin, después de comer (sobre las tres de la tarde) toca irse a casa. Y ahora es cuando viene lo más deprimente: ¡Ya es de noche!. El sol se empieza a ir a las dos y media, más o menos, y cuando sales de comer es completamente de noche. Así que coges el bus para volver con la sensación de irte a la cama, pero te queda toda la tarde por delante. Es una sensación muy rara, tienes que vivir con un reloj al lado porque no puedes fiarte de tus sensaciones.
Para continuar el día siempre hay algo que puedes hacer. Tenemos un “Club room” o “habitación de usos varios” con sofás, televisión, DVD, Wii y un billar, donde se puede echar la tarde muy agusto. Otra típica actividad es irte al LIDL a comprar. Es típica porque aquí la leche no es pasteurizada, es fresca, lo que te obliga a estar comprándola cada semana. Y, por supuesto, la lavandería, que es una habitación que hay en uno de los edificios. Cuenta con dos lavadoras enormes, una centrifugadora y una secadora, también enorme. Dato curioso: la lavandería se paga con el móvil. Tu llegás allí, metes tu ropa en la lavadora, pones el detergente y llamas a un número especial en el que una amable señorita te dice algo en finés, que bien podría estar cagándose en tus muertos que no te darías cuenta. Al poco rato la lavadora se activa y ya puedes empezar a lavar. ¡Tecnología!.
Y para acabar la noche siempre toca peli o similar. Bendito portátil, que buena compra hice. Es triste decirlo, pero aquí tu portátil es casi tu mejor amigo.
Bueno, pues esto es lo que viene siendo un día de un erasmus en Finlandia, por lo menos así son mis días. Por supuesto lo normal es tener clases por la mañana y trabajillos que hacer por las tardes y demás, pero de eso ya hablaremos el periodo siguiente.
Para acabar os dejo unas fotillos varías desde mi ventana y desde una playa cercana.
Saludos
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